Sociedad Mexicana de Bioquímica, A. C.
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EL SIMBOLO DE LA SOCIEDAD MEXICANA DE BIOQUÍMICA Por Carlos del Río Estrada (Miembro Fundador de la SMB) El OLLIN u OLIN, adoptado como símbolo de nuestra Sociedad a raíz de su uso durante el Simposio Internacional sobre Aspectos Enzimáticos de la Regulación Metabólica celebrado en 1966, fue escogido de entre la múltiple y variadísima jeroglífica mexica, por ser en sí una figura elegante en su simplicidad, por representar en el mundo precortesiano de la América autóctona el movimiento o la actividad, y finalmente por recordar en una forma artística y sobria un par de espirales polinucleotídicas. Según Simeón (7) en su famoso Diccionario de la Lengua Náhuatl, OLLÍN o ULLIN escrito con una o dos eles, expresaba la acción de remover, bullir, temblar o agitar, cambiar, activar, desplazar, etc. Su origen proviene de OLLI o ULLI que es el nombre aborigen de la goma elástica que por corrupción hispánica llegó a convertirse en HULE. Así también el juego de pelota se llamaba OLLAMALIZTLI, el campo de juego OLLAMALOYAN y los jugadores OLLAMANI, todas estas palabras derivadas de la misma raíz. Al descubrirse que el sol presentaba 4 posiciones en el horizonte (2 equinoccios y 2 solsticios), se estableció el concepto de OLLIN TONATIUH O NAUHOLIN (5) y se designó como OLLIN METZTLI el movimiento lunar. Chavero notó que en el TONALAMATL o calendario de festividades aparecían dos figuras de búhos de diferentes colores sobrecruzados, en perfecta armonía y similitud con la cruz de NAUHOLIN. Esta observación está apoyada por el Códice Borgia (1) donde la presencia de aspas entrecruzadas sugieren el predominio de Tonatiuh (el sol) sobre Metztli (la luna) y viceversa, en un fenómeno reversible y cíclico en el que el día vence a la noche y ésta recíprocamente triunfa sobre aquél, generando como resultante un círculo, prototipo perfecto de un movimiento o actividad infinitos (5). Los conceptos de movimiento, actividad y ciclos están muy ligados y fray Alonso de Molina (4) indica que la palabra OLOLIUHCAYOTL, derivada de OLIN, significa redondez y OLOLIUHTIMANI es el vocablo para designar un corro, rueda o círculo de personas. Según el arqueólogo Corona Núñez (2), además de las versiones indicadas este signo es la simple superposición de 2 boomerangs, utensilios conocidos por los antiguos habitantes del Anáhuac y que, arrojados, vuelven al lugar de donde partieron. El círculo central del símbolo es la representación del ojo astral de Venus, que resulta el planeta más activo del panorama celeste y que por poseer una doble personalidad tiene que estar representado por una dualidad de formas, ya que participa como elemento activo durante la salida del sol y se localiza también durante el crepúsculo (3). La representación de OLLIN aparece dos veces en el llamado Calendario Azteca primero como el decimoséptimo símbolo entre los veinte días del mes azteca y segundo como figura central de esta Piedra Solar precisamente alrededor de Tonatiuh, portando simbólicamente la expresión de los 4 soles cosmogónicos, a través de los cuáles ha evolucionado la humanidad. OLLIN es el "movimiento rodante", como dice Seler (6). Por todo lo anterior vemos que, mientras más se profundiza en el estudio de este símbolo, más se nota la conveniencia de su adopción al amoldarse adecuadamente a la estructura dinámica de los fenómenos bioquímicos, por englobar las ideas de actividad, reversibilidad cíclica, cinética, el predominio alterno de un proceso sobre otro y la tendencia obligada al movimiento perpetuo. Esto equivaldría a una trascripción trasatlántica precolombina del genial pensamiento de Heráclito, de que por la continua transformación de las cosas, "lo único eterno es el cambio". REFERENCIAS 1. Códice Borgia. Edición Facsimilar. Fondo de Cultura Económica. México. 1963 2. Corona Núñez, J. Mitología Tarasca. Fondo de Cultura Económica. México, 1957 p. 39. 3. Corona Núñez, J. Comunicación personal, 1967. 4. Molina, Fray Alfonso de Vocabulario de la Lengua Castellana y Mexicana. Colección de Incunables Americanos. Siglo XVI. Ed. Cultura Hispánica. Madrid 1944 p. 76 (2ª. Parte). 5. Robelo, C.A. Diccionario de Mitología Náhuatl. Imp. Del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. México. 1911 p. 38. 6. Seler, E. Comentarios al Códice Borgia. Fondo de Cultura Económica. México. 1963. 7. Simeón, R. Dictionnaire de la Langue Nahuatl ou Mexicaine: Imprimerie Nationale. Paris. 1885. p. 316.
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